Hay
palabras que pesan y otras que alivian. Algunas nacen del miedo o del orgullo,
y otras, más escasas, brotan del alma. No necesitan gritar para hacerse oír,
porque su fuerza no está en el sonido, sino en la verdad que transmiten.
Hablar
con el alma no es hablar más, sino hablar mejor. Es decir solo lo necesario,
con respeto, sin herir. Es atreverse a nombrar lo que duele, a pedir perdón, a
reconocer un error. También es saber callar cuando el silencio dice más que
cualquier argumento.
En
una sociedad donde la palabra se usa para imponer, manipular o distraer,
escuchar se ha vuelto un acto casi revolucionario. Escuchar de verdad, sin
preparar la respuesta, sin juzgar. Porque cuando alguien se siente escuchado,
empieza a sanar.
Las
palabras que nacen del alma no buscan convencer, sino comprender. No separan,
unen. No condenan, liberan. Son semillas de reconciliación que florecen en
quien se atreve a hablar desde la sinceridad y la compasión.
Hablar
con el alma es tender un puente invisible entre corazones. Un acto sencillo,
casi invisible, pero capaz de transformar el mundo que tenemos más cerca: el
que existe entre tú y yo.

Comentarios
Cierto ahora la gente no escucha, ni atiende a lo que se dice de palabra.
Así que decirlo con el alma es casi imposible.
Un fuerte abrazo para los dos 😘😘